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Marco metodológico para el estudio del turismo rural Perspectiva de análisis desde la comunalidad

PROCEDIMIENTO METODOLÓGICO

Este ensayo constituye una revisión teórico – metodológica de la comunalidad y su posible aplicación al estudio del turismo en el medio rural. Tiene la intensión de mostrar una serie de planteamientos sobre la relación entre comunalidad y turismo para que sean discutidos por la comunidad académica, limitándose a la revisión documental de diversas aportaciones y perspectivas de aplicación al ámbito de lo rural.

De esta forma el procedimiento metodológico se concretó a la consulta de diversas fuentes de información referentes a la propuesta comunalitaria. Para ello se emplearon técnicas de investigación documental que posibilitaron en el acopio, revisión y análisis de información contenida en libros, revistas científicas, trabajos, boletines, monografías y documentos oficiales, entre otros en relación directa con la temática del trabajo. Fue necesario acudir a distintas instituciones académicas para la recopilación documental, como las bibliotecas Francisco Xavier Clavijero de la Universidad Iberoameriacana, Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarías de la UNAM, Fernando Rosenzweig del Colegio Mexiquense, de las Facultades de Turismo y Gastronomía, Ciencias Políticas y Sociales, Planeación Urbana y Regional de la Universidad Autónoma del Estado de México.  Además, fue necesario acceder a la Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal, con la finalidad de obtener a importantes artículos contenidos en revistas científicas.

Al llevar a cabo el análisis de la información documental, se identificaron múltiples enfoques de la comunalidad destacando su posición como estrategia para afianzar los elementos de fundamentación, persistencia y lucha que han caracterizado a las comunidades campesinas a lo largo del proceso histórico. Tal es el caso de las aportaciones de Díaz (2003), Martínez (2003), Rendón (2003) y Maldonado (2003) que subrayan la importancia de los elementos centrales del modo de vida y producción campesina para fortalecer lo propio frente al proceso de exclusión social del modelo económico neoliberal. Aunque distintas voces han cuestionado dichos planteamientos por su limitada aportación en la búsqueda de la autonomía regional de las comunidades indígenas (Díaz-Polanco) así como su rígida categorización de elementos estratégicos y complementarios (Korsbaek, 2009). Pero además se identificó una orientación distinta en el marco de la nueva ruralidad que pretende afirmar la necesaria intervención para impulsar el desarrollo del medio rural contenida en los planteamientos de la responsabilidad social y ambiental de Fuente (2009), así como la incorporación de procesos de innovación tecnológica señalados por Barkin et.al.( 2009:42).

Con base al análisis de estas consideraciones, esencialmente la categorización de los elementos que la componen, los señalamientos críticos sobre la ubicación e importancia de los mismos, así como los procesos que intervienen en la toma de decisiones para el manejo y aprovechamiento de los recursos se delineó una serie de planteamientos para el estudio del turismo rural. Este enfoque analítico se fundamenta en los propios elementos de comunalidad  (territorio, organización, trabajo mutuo y elementos culturales propios) como un marco metodológico para el análisis de la dinámica turística sobre los elementos determinantes de las comunidades campesinas. En la Figura se muestra esquemáticamente dicha proyección metodológica.


Figura 1 Perspectivas para el estudio del turismo rural desde la comunalidad

LOS CAMPESINOS COMO SUJETO SOCIAL DE LA COMUNALIDAD

Si bien el estudio y categorización de la comunalidad se planteó desde la década de los años 1980 por Floriberto Díaz, Jaime Martínez Luna, Juan José Rendón, Adelfo Regino Montes y Benjamín Maldonado como una aportación de las propias comunidades indígenas del Estado de Oaxaca que comparten una profundidad histórica similar, conocimientos y prácticas culturales y un territorio común es posible señalar que la comunalidad no es una cualidad exclusiva de los pueblos de Oaxaca, sino que persiste en numerosas comunidades rurales no indígenas en las cuales se mantienen vigentes las relaciones de reciprocidad y participación social (en cargos, asambleas, trabajos colectivos, fiestas), la organización social y la propiedad comunal del territorio aunque la diferencia radica en el grado de conservación o pérdida de estos elementos (Maldonado, 2002). Por ello, al hacer referencia a la comunalidad es posible superar la estrecha tipificación de lo indígena y lo campesino con el propósito de determinar sus alcances como estrategia y eje de análisis sobre las dinámicas socio-territoriales reproducidas históricamente en el medio rural.

Aún cuando se reconoce la persistencia de comunidades que han dado continuidad a ciertos rasgos socioculturales, económicos, políticos y simbólicos pre-coloniales es claro que su configuración actual muestra la asimilación de elementos ajenos a su pasado que se manifiestan en sus propias formas de gobierno comunitario, prácticas cotidianas y creencias religiosas. Por ello, Wolf desde la perspectiva de la ecología cultural, propuso la reinterpretación del antiguo concepto de comunidad e insistió en utilizar el término campesino en lugar de indígena para indicar una relación estructural y no un contenido cultural particular (Romero & Ávila, 2001, Hewitt, 1988). Desde esta posición es posible considerar a todos los habitantes del medio rural como parte de la configuración campesina aunque es necesario reconocer las limitaciones existentes para la clara definición de este término debido a la amplitud de enfoques y actores sociales que integra la dinámica agraria.

En este sentido Bartra (2010) se esfuerza por reconocer a los campesinos como una clase social que, si bien se sustenta en una base compleja, mudable, diversa y periférica que obstaculiza la unidad clasista, constituyen un sujeto social reconocido históricamente que se reconstruye en la actualidad en el marco de un proyecto común y las confrontaciones colectivas por la defensa de la tierra, la posesión de los recursos, la autogestión política, una economía moral y una solidaria producción-distribución de los bienes.

Para Bartra (2010), el campesinado es un modo de vida determinado históricamente por la plasticidad que les ha permitido adoptar múltiples estrategias para enfrentar los retos ambientales y societarios soportados en la reproducción y permanencia de un ethos campesino acorde a las condiciones impuestas por su inserción en el sistema mayor. Pero en la actualidad lo campesino se caracteriza por la pluralidaden las formas de producción (desde los que siembran granos, viven del bosque o de la pesca hasta los que producen hortalizas, flores, quesos, conservas tejidos o bordados), escala (desde elmilpero de autoconsumo o que trabaja a jornal para subsistir hasta el productor más o menos especializado que cultiva para el mercado), en el ingreso familiar y comunitario (de los bienes y servicios para el auto abasto, a los salarios devengados en la localidad, región, país o en el extranjero), inserción en el mercado, sociabilidad (no sólo a quienes trabajan la tierra sino también a los que reproducen la forma de vida del pequeño comerciante, a quienes impulsan la conformación de organizaciones económicas, sociales y políticas en los ámbitos regional, estatal, nacional o internacional) y de cultura (del empoderamiento de la mujer, a la construcción de estrategias solidarias y comunitarias de sobrevivencia, incluyendo a los migrantes y residentes de barrios periféricos de las ciudades) (Bartra, 2010).

De esta forma es evidente la heterogeneidad del campesino actual y, por tanto, la complejidad que existe para la construcción de modelos teóricos incluyentes que permitan comprender su realidad. Pero a pesar de la multiplicidad de elementos inciden en su determinación es posible reconocer al campesinado como un sujeto social de la comunalidad. En este sentido, aunque la comunalidad no puede ser asumida como una propuesta de acción o categoría de análisis para el conjunto agrario sí puede aportar al estudio de los mecanismos sociales y de interacción con la naturaleza que caracterizan a ciertas colectividades que han incursionado en el aprovechamiento recreativo de sus recursos y la prestación de servicios turísticos.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Los diversos enfoques de la comunalidad

La comunalidad se revela con múltiples enfoques pero destaca la contradicción que existe entre los planteamientos que la sitúan como una estrategia para afianzar la cohesión, identidad social y movilización de los actores locales en busca del bienestar sumando, pero también como un renovado discurso del capital para la apertura al exterior y la intervención en el manejo de los recursos. Por ello es conveniente retomar la interpretación de sus enfoques con la finalidad de avanzar en la revisión de las propuestas esquemáticas que enmarcan las disímiles orientaciones entre lo propio y lo externo.

Los planteamientos iniciales de la comunalidad constituyen un esfuerzo de los propios actores locales por reivindicar su papel en el proceso de desarrollo a partir de la revaloración de los elementos de fundamentación, persistencia y lucha que han caracterizado a las comunidades campesinas a lo largo del proceso histórico como renovados argumentos y aspiraciones para incidir efectivamente en sus carencias y limitaciones. Esta perspectiva ideológica de la comunalidad constituye una propuesta de reconstrucción de las dinámicas colectivas en el medio rural frente a retos que amenazan su continuidad.

De esta forma la comunalidad constituye una energía basada en los pensamientos y conocimientos de los propios indígenas (Díaz, 2003) representa la forma de vida y razón de ser de las comunidades… (Martínez, 2003:46);…una forma de nombrar y entender el colectivismo… (Maldonado, 2002:72) que permite el funcionamiento de la estructura social, cultural, económica y política de las comunidades, la existencia de un territorio propio y apropiado simbólicamente así como relaciones sociales y de reciprocidad que se manifiestan entre los individuos, familias y grupos de interés que intervienen en la vida comunal. Es la forma en la cual se expresa la voluntad individual de ser y permanecer como colectividad sustentada en el tejido social comunitario, las relaciones de reciprocidad, la participación cotidiana y obligatoria en las estructuras de poder, trabajo, fiesta y relación con el territorio. Pero además en la comunalidad radica el sustento de la movilización social en tanto que personifica una identidad colectiva que permite desplegar los mecanismos de re-afirmación y resistencia étnica  (Rendón, 2003; citado por Maldonado, 2002:56), constituyendo un proceso de …desarrollo comunalitario [que] emerge como resultado de un duelo de fuerzas y de pensamientos: la imposición de modelos ajenos y la resistencia con modelos propios de pensamiento y organización (Martínez, 2003:46), proyectando una relación armónica del hombre y la naturaleza con base a las capacidades e instancias de reproducción de las propias comunidades.

Este tipo de reflexiones dieron sustento a una serie de planteamientos políticos en Oaxaca que lograron durante la década de los años 1990 el reconocimiento de la comunalidad en el ámbito legislativo, particularmente con la publicación de la nueva Ley Estatal de Educación en el Periódico Oficial el 9 de noviembre de 1995. Esta ley fue el resultado de un prolongado periodo de consulta y discusión con la participación de autoridades, maestros, padres de familia e intelectuales dirigido por la Sección XXII del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) donde se establece que la educación debe respetar los principios de la comunalidad como forma de vida y razón de ser de los pueblos indígenas(Art.6) (Maldonado, 2002). Al mismo tiempo esta perspectiva comunalitaria ha contribuido a la persistencia campesina frente a  la apertura desigual a la economía del mercado, la injerencia de grupos de poder y la intervención del Estado que pretenden extender su dominio económico, administrativo y político proclamando la afirmación de una lógica individualista en detrimento de la dinámica comunal.

No obstante, esta configuración dogmática centra su interés en el fortalecimiento de los procesos de interacción social a nivel comunitario desplazando las pretensiones por la autodeterminación basada en la integración regional de las comunidades indígenas. Es justamente esta referencia a un determinado espacio socio territorial lo que ha motivado discrepantes miradas sobre sus propósitos, sobre todo en la construcción de procesos autonómicos de las comunidades indígenas. De acuerdo con Maldonado (2002), Díaz-Polanco descalifica a los “comunalistas” por considerar que intervienen la aplicación de una nueva política indigenista del Estado que reduce la autonomía a un espacio local y por tanto limita el logro de las regiones autónomas pluriétnicas. Aunque esta tipología comunalista se debería ajustar al término localismo, como una expresión más clara del ámbito espacial e incluso las propias pretensiones del Estado puesto que lo comunal más que referir a una localidad, constituye una característica de la condición humana que se aproxima a los planteamientos de la comunalidad impulsada desde Oaxaca y otras partes (Maldonado, 2002). Incluso para Díaz (2003), la conformación de una autonomía regional pluriétnica desconoce las realidades y prácticas indígenas que han resistido contra el Estado-Nación dominante por lo que es necesario fortalecer previamente las dinámicas internas locales, en la construcción de un proceso autonómico intercomunitario.

Por otro lado, recientemente la comunalidad ha sido asumida con un enfoque distinto que refiere al permanente interés del capital por intervenir en las comunidades campesinas y sus recursos. Desde esta posición puede representar un argumento de presión para la reconfiguración neoliberal en el medio rural pues trata de situar a las comunidades en el marco de la nueva ruralidad como una acción para garantizar la continuidad de un modelo económico que demanda el acceso a los recursos y la fuerza de trabajo de indígenas y campesinos.

En este sentido, la nueva ruralidad ha sido considerada por Monterroso & Zizumbo (2009) como la instrumentación de los planteamientos de la perspectiva neo-estrucutalista en el medio rural impulsada a nivel internacional por la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO por sus siglas en inglés) y en el contexto latinoamericano por diversas instituciones como la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), el Instituto Interamericano para la Cooperación  Agrícola (IICA) y el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE), las cuales han diseñado numerosas políticas, planes y proyectos de desarrollo rural, con la intención de resolver algunas necesidades de los centros urbanos a partir de la explotación de los recursos de las comunidades para lo cual reconfigura el medio rural con base a una serie de mecanismos que pueden favorecer la conservación de sus recursos naturales y culturales de tal manera que se encuentren en condiciones de cumplir las nuevas funciones que el mercado les impone.

Así, la comunalidad como parte de esta nueva ruralidad puede ser vista como un intento de intervención del capital sobre los recursos de las comunidades con la finalidad de acceder a su control y explotación. Aunque es claro que históricamente se han puesto en marcha diversos mecanismos para acentuar la penetración capitalista en las comunidades rurales a partir de diversas acciones que inciden en la dinámica y posesión colectiva del territorio desde la introducción de nuevos productos comerciales que alteran tanto las relaciones productivas y socioculturales de reciprocidad como la capacidad autoalimentaría de las unidades domésticas hasta el abandono o restricción de sus actividades tradicionales por medio de la prestación de servicios turísticos. E incluso la creación de Áreas Naturales Protegidas (ANP) que posibilitan la generación de un nuevo orden institucional que debilita las propias estructuras locales de organización, la cohesión social y la posesión colectiva que las caracteriza.

Pero recientemente algunos autores han contribuido a situar a la comunalidad como parte de estas estrategias para el crecimiento del mercado, tales como Mario Fuente Carrasco, Mara Rosas y David Barkin, que si bien reconocen en la comunalidad una forma de resistencia contra la exclusión neoliberal del campesinado, sus aportaciones difieren poco de la intervención capitalista en el medio rural, encausada en esquemas de responsabilidad ambiental y la innovación tecnológica de las formas de organización.

Desde esta perspectiva, aún cuando se reconoce a la comunalidad como una estrategia que propicia el fortalecimiento de lo comunal frente al proceso de exclusión social del modelo económico neoliberal, situarla en el contexto de la nueva ruralidad conlleva implícito la necesaria apertura  comercial para la afirmación de lo rural en el mercado. Para Fuente (2009) y Barkin et.al,. (2009) la comunalidad aparece como una noción distinta a la racionalidad económica que puede incidir en el desarrollo sustentable a través del manejo colectivo de los recursos y la apropiación social de la naturaleza, pero requiere una dinámica intervención para la reasignación de funciones como parte de los propios procesos de innovación tecnológica la cual sumada a la autonomía, autosuficiencia, formación político cultural, redes de apoyo, diversificación productiva y de mercado entre otras, permiten a las comunidades rurales contribuir a la sustentabilidad desde una postura aparentemente alterna al capital revalorando tanto los saberes locales como las orientaciones provenientes de la ciencia occidental. No obstante, es claro que cualquier expresión en términos de innovación especializada en las comunidades rurales implica el rompimiento de esquemas de organización y actividades económicas tradicionales, debido a la introducción de elementos que impulsan su transformación y modernización.

Si bien son diversos enfoques desde los cuales se ha planteado la comunalidad en el marco del presente trabajo, se enfatizan las aspiraciones disímiles respecto su posición con el mercado ya sea como una construcción desde abajo por indígenas y campesinos para inducir el fortalecimiento local y la movilización en búsqueda de condiciones de vida digna, o como renovado argumento para vulnerar lo comunal en favor del capital. Pero incluso, más allá de las contradicciones existentes se muestra cierta correspondencia por delinear esquemas de categorización sobre los elementos que le dan sustento y dirección. Desde esta perspectiva es posible situar a la comunalidad como una categoría de análisis que puede respaldar el estudio de las dinámicas que intervienen en el medio rural aunque sus alcances están siempre enmarcados por la orientación que la sustenta.

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